sábado, 26 de septiembre de 2015

La tumba.  

Aún recuerdo aquella tarde en la que íbamos en el coche divirtiéndonos,vacilando, escuchando aquellas canciones que nos llenaban de gusto. La cara de Laura se veía tan llena de vida, tan jovial una sonrisa que era apacible al alma, mas su rebeldía era una incitación a lo prohibido. Gabriel, Chéjovin, mi amigo, también se notaba alegre, había despejado sus dudas con un poco de collins, aquella tarde lo note libre de todo aquello que a todos nos aprisiona con el sólo hecho de vivir, mi querido amigo existía por primera vez.

Desde el asiento trasero, los miré y les mencione que fuéramos por más diversión, que nos burláramos de la vida y dejáramos toda cosa que nos mantuviera muertos en vida. Laura pisó el acelerador a fondo, sin importar nada reíamos, Gabriel preguntó ¿querida prima a donde nos dirigimos con tanta premura? la respuesta de la hermosa conductora rebelde fue- La Pérgola- nuestras risas aumentaron.

Recordábamos cómo Laura con sus halagos y comparaciones al agente de tránsito nos libramos de una severa multa, gracias a ella y su don de la persuasión sólo le dimos un soborno al corruptible oficial. Como aun sobraba dinero de aquel collar de esmeraldas que fuimos a empeñar, decidimos ir por comida, ya era tarde y el día había sido ajetreado, comimos y conversamos acerca de aquellos jóvenes que patinaban en las afueras del establecimiento, los considerábamos unos idiotas, y como siempre Laura, tomó la iniciativa de ir a molestarlos, nos miramos nuevamente y con malévolas sonrisas la seguimos, pagamos la cuenta y sorbimos lo último que quedaba de nuestras malteadas. Salimos y nuestra compañera tomo una patines, que le quito a un chico ingenuo después de un breve coqueteo, fingió no saber patinar, su primo y yo observamos con detenida atención, se dirigió a donde estaban los demás idiotas y los hizo tropezar, había cometido su plan y los tres carcajeábamos. Luego de ésta broma donde todos cayeron sobre el hielo,nos dirigimos a El Pedregal a la fiesta de un senador, el cual llenaba sus bolsillos y no precisamente por su trabajo, nos estábamos divirtiendo muchísimo y la situación no cambiaría, en cuanto llegamos con nuestras risas, y nuestra actitud burlona, también nuestra forma de vestir vulgar; Laura tomó una botella y bebió de ella, Gabriel y yo destrozábamos todo en la mesa.

Después de nuestros incomodos actos, fuimos a cuestionar al Senador, quien obviamente no se iba a salvar de nuestras irónicas mentes, lo cuestionamos y lo pusimos nervioso delante de tres colegas suyos, antes de retirarnos quisimos convencerlo de un baile con Laura, la que fichaba barato, pero no accedió.

Al salir nuestras almas rebeldes se hicieron notar, abrimos las jaulas de los pájaros, rompimos floreros, echamos basura a la alberca y ensuciamos todo lo que encontrábamos a nuestro paso. Traía conmigo unas botellas de whisky que tomamos en el coche. llegamos a casa de Gabriel, yo decidí bajar y retirarme a casa, caminé y metros más adelante volteé hacia atrás, los vi reír.

Al día siguiente me encontraba vestido de negro, con el alma rota, enfrente de mi se encontraba Gabriel a quien no le dije nada, sólo lo miré y compartí el dolor de unas risas marchitas. Vimos como fue sellada aquella tumba, con todas nuestras esperanzas dentro. Au revoir, Laura, quien esperaba que aquella noche en la que reímos tanto, tu auto volcaría.